lunes, enero 08, 2007

¿Fomentar el libro? No me hagan reír

En este año dedicado por el Gobierno al fomento del libro y la lectura debemos los ciudadanos y ciudadanas exigir el derecho democrático a participar, con voz y voto libérrimos, en todo lo asociado al propósito. Primera y perentoria tarea será volver, para enmendarlo, al decreto emitido por un Presidente que exhibe su bibliomanía como Paris Hilton a Twinkerbell.

Si me preguntaran al respecto, votaría por sustituir a la omnipresente Margarita Cedeño, presentados todos los respetos debidos a su vicaria investidura. Los libros, incluso los malos libros, son un bien universal, un patrimonio humano, y quien se haya casado con separación de biblioteca me despierta suspicacias, por muy “mulata de infarto” que sea (la mulata dixit).

Aunque intelectual de reconocidas capacidades, tampoco José Rafael Lantigua debe ser comisionado. La razón es sencilla: un secretario de Cultura que no vela, desde abril de 2006, por la actualización de la página web de su Secretaría, no ofrece garantías de despertar el amor por la lectura en gente hasta hoy remisa al contacto con la palabra impresa. Además, ¿no es acaso dependencia de esa Secretaría la Editora Nacional? ¿Qué ha estado haciendo durante todo este tiempo? Quizá lo sepan los amigos escritores del secretario Lantigua. Preguntémosles a ellos.

De ser yo Alejandrina Germán, secretaria de Educación, no aceptaría la función encomendada. Temería que fuera humillación acrecentada en lugar de honor y reconocimiento. Porque incumplir la Ley de Educación, mermando las posibilidades de combatir la ignorancia, y encima pedirte que salgas a predicar la bibliofilia a estudiantes que no tienen dónde sentarse, es una burla mayúscula. Esto no es todo, pero basta para decir un rotundo ¡no! a la cínica designación.

La única permanencia que podría ser discutida es la de Roberto Reyna, rector de la UASD. Y no porque mantenga idilio conocido con los libros, sino porque podría aprovechar lo que suponemos aprendido en su frenético ir y venir por el mundo para aprovisionar, sin necesidad de malas artes, la fastuosa pero desnutrida biblioteca universitaria.

Al secretario de la Presidencia, que hasta principios de noviembre de 2006 fue Danilo Medina, no hay que pedirle que renuncie, porque ya lo hizo del cargo que tenía antes de que incluyeran al titular de su todavía vacante despacho entre los integrantes de la Comisión. ¿Lapsus cálami? Según Freud, traición del inconsciente. O más sencillamente, una de dos: el ausente sigue gravitando o el decreto fue encargo a tercero que buscó un modelo sabe Dios en cuál empolvada gaveta, prueba de la seriedad de las intenciones.

Por vergüenza propia y ajena, el resto de los comisionados debería solicitar al Presidente que los releve de compromiso tan artificioso e hipócrita y que no los exponga al ridículo con una pretensión cuya progenie balagueriana se nota a leguas.

Desierta la Comisión, habría que buscar quién la pueble. No funcionarios ni exhibicionistas “culturales”, sino gente vinculada a la educación por vocación y compromiso. Gente que no hable de trazar “tácticas y estrategias”, como si el libro y el conocimiento fueran campo de batalla. Gente que comprenda y a la vez le duela nuestro analfabetismo funcional generalizado y abogue por convertir la educación en prioridad insustituible. Gente que sepa que el lenguaje es lo que nos permite nombrar el mundo, y que una sociedad cuyos miembros tengan uno de los índices internacionales más bajos en el conocimiento de su idioma sólo puede volar a ras del suelo.

Gente, en definitiva, con genuina preocupación por el conocimiento, ése que siendo creación colectiva nos humaniza porque nos permite reconocernos en el otro y aceptarlo semejante. No la arrogancia que clasifica y descalifica, y entiende lo que llama "cultura" como posesión de elegidos que, magnánimos cuando quieren, arrean a la “gente común” en guaguas de la OMSA hasta el Teatro Nacional para escuchar a Nana Mouskouri.

Claro, una Comisión así no se dejará instrumentalizar para la propaganda, y resistirá el destino de brocha que aplique una nueva capa de barniz al esperpento de nuestra modernidad. Como la nombrada no merece crédito y una como la deseable es improbable, lo mejor será echar en el basurero el decreto que la forma. No encontrará mejor lugar.

3 comentarios:

Susi dijo...

...Qué gusto leerte, querida Margarita!!!Siempre un gusto que recrea el espíritu!!No importa el tema: ESCRIBE Y ESCRIBE!!!Un abrazo, Susi

miguel gomez dijo...

A pesar de la mala fama que tienes como jefa en las redacciones por las que pasas siempre me gusta leer tus artículos. Dices exactamente lo que se debe y con las palabras adecuadas que no exactas. Es una pena que en Macondo Republic haya tan poca gente que escriba así y además algunos de los pocos no tienen las 'herramientas' suficientes para hacerlo.

Me alegro de que este maravilloso invento que es el blog!.

Milton Tejada C. dijo...

Lectura, libros.... estoy de acuerdo contigo, Margarita... y una palabra parece resumir todo el teatro gubernamental: incoherencia... cuando podamos (tú, yo u otro(s), escribir la memoria o contarla, vamos a parodiar a Pablo y diremos: los años que vivimos ahogados en la incoherencia...